Viajando sola por enésima vez

Desde que cumplí la mayoría de edad me di el lujo de viajar de manera intermitente a distintas partes del mundo. Inicialmente, empecé por lugares muy lejanos como España entre otros. A lo largo de los mismos aprendí infinidad de cosas.

La primera vez que viajé sola era una niña de 15 años, esperando un vuelo a Buenos Aires para optar por un intercambio escolar. Casi no sentí lo que uno siente al viajar solo debido al sueño y preocupación por quién me recogería allá.

El último viaje que realicé fue hace unas semanas, a Lima, para visitar a mi pareja actual. Me imagino que uno de estos días escribiré al respecto. De todos modos, este ultimo viaje lo noté más maduro y adulto pero hay cosas que nunca van a cambiar para mi así tenga 70 años.

1. Pasar por los controles de seguridad y narcóticos siempre te pone los nervios de punta. Jamás e intentado transportar sustancias ilegales, a lo mucho pasaba una bolsa de naranjas en la maleta o alguna fruta exótica del lugar que visité. Sin embargo, tanto en vuelos nacionales como internacionales no puedo evitar sentirme nerviosa cada que paso por el detector de metales. Es tal mi angustia que me pongo a pensar si tuve contacto con alguna persona que me hubiese podido poner alguna sustancia o polvo ilegal en la maleta. Este miedo incrementa aún mas cuando uno viaja solo porque se pone a pensar: Y si me pusieron algo? No tengo cómo probar que lo único que hice en estas 3 horas fue tomar un café y comer 6 chicles. Qué hago? Se notará mi nerviosismo? Dios, hay polvo blanco en mi zapato, no debí ponerme talco. Qué tal si alguna maleta que pasó después de la mía si tenía droga y se impregnó con el olor? Y si me meten presa? Por dios, estoy sola, qué hago?

Si, irracional e irritante.

2. Las preguntas que te hacen los oficiales de migración siempre te pondrán igual de nervioso que cuando eras niño y esperabas que lleguen tus padres a casa después de la reunión de padres y maestros. He tenido experiencias muy graciosas en este aspecto. Cuando pasee por Europa dos meses, pasaba de aeropuerto en aeropuerto intercalando entre francés, alemán e inglés. Afortunadamente soy bastante fluida en ellos y no tuve problema pero mis nervios me jugaron una mala pasada en mi lengua materna. En el Barajas, me encontraba pasando los controles de seguridad. Después de quitarme los zapatos y todo el pseudo glamour que uno cree tener al estar en un fila para vuelos internacionales. Mientras observaban mi pasaporte minuciosamente me preguntaron que hacía en Madrid. De manera ansiosa respondí que estaba de paseo por Europa y estaba llegando de Frankfurt. El oficial de migración me miró por unos segundos que a mi parecer fueron horas y me preguntó si entraba a trabajar al país. Era la primera vez que me pasaba eso, mi reacción de campesina asustadiza me salvó.
En otra ocasión, en un aeropuerto gringo, me pidieron entrar a la sala de inspección donde tuve que desvestirme por completo y pasar por una máquina de rayos x. Todo este incidente ocurrió porque al parecer escogen a la gente que se ve más nerviosa.
Pero el incidente que se lleva la flor es el que tuve en mi último viaje a Lima. En el aeropuerto de Santiago tuve que esperar 4 horas extra para tomar mi vuelo a Lima, así que no sólo estaba molesta sino cansada. Cuando por fin llegué a Lima la maleta demoró una hora extra en ser bajada del avión por un incidente con un vuelo de Quito. Pacientemente esperé, aprovechando cambiar dinero y organizar las cosas que necesitaría en ese momento. Una vez que recogí la maleta debía pasar por control de seguridad de nuevo, donde en mi bolso de mano encontraron uno de mis collares con forma de navaja. Por mi culpa detuvieron una larga fila de viajeros ansiosos y me preguntaron por qué llevaba una navaja en el bolso de mano. Como si no fuera suficiente, vacié mi bolso de mano explicando que era un dije. Fue uno de los incidentes más vergonzosos, no podia reirme siquiera.

3. Cambiar dinero siempre será un tarea estresante donde el “no confies en nadie” que te decía tu abuela resuena en tu cabeza más que nunca. Dólares, pesos chilenos, pesos argentinos, soles, reales, euros, libras y pesos mexicanos. Éstas son solo unas cuantas monedas que tuve que cambiar en este tiempo. Siempre algo desconfiada y rezando a un ente superior pese a ser agnóstica, cambiar plata para mi siempre ha sido una tarea herculeana. Siempre me preguntan: oye, alguna vez te han estafado? Si, en una casa de cambio en el aeropuerto de Sao Paulo. Llegué emocionada al Sao Paulo porque vería a mi selección jugar al día siguiente, cambié 60 mil pesos chilenos a reales los cuales me alcanzaban para el taxi del aeropuerto al hotel, comida, y alguna chuchería del supermercado o al menos eso creía. Cuando le entregué al taxista un billete de 100 reales éste me dijo que era falso e indicó cómo identificar los billetes verdaderos. Tuve que cambiar otros 100 dólares en el hotel pero sin duda alguna siempre que me pasa algún papelón de moneda falsa, incluso en Chile, me pongo excesivamente nerviosa y temo que la gente piense que obro con malicia.

4. Esperar un vuelo y querer ir al baño cuando aún no han recibido las maletas y debes ir al baño con todos tus bultos. Esta debe ser la situación más tediosa que tuve que pasar en todo este tiempo. Para las fiestas navideñas debí añadir dos rutas innecesarias a mi itinerario porque mis padres se encontraban en Bolivia festejando, por ello, debí tomar conexiones desde Londres, Amsterdam, Nueva York, Santiago, La Paz y finalmente la ciudad donde viven mis padres: Cochabamba. En total son más de 18 horas de viaje. Me resulta tedioso e incómodo utilizar los servicios de los aviones por lo cual restringi mi consumo de líquidos al mínimo y procuraba utilizar los del aeropuerto. Cuando esperaba el vuelo a Santiago estaba durmiendo en uno de los asientos del aeropuerto esperando que la ventana de Check In y/o deposito de equipaje abriera. American no llamaba para mi vuelo cuando… Tuve que ir al baño. Previamente había sido débil y tomé una miserable taza de té sobrevaluada. Fue tal mi necesidad que no podía reprimirla o pensar en otra cosa que no fuese encontrar los servicios. En un aeropuerto tan grande como el de Nueva York, me costó mucho encontrar los servicios. Cuando al fin lo hice golpee a una turista japonesa tomadose fotos en el baño con mis enormes maletas.

5. En casa no puedes cargar una mochila pero en el aeropuerto eres capaz de cargar maletas de 25 kilos sin ningún problema. Este incidente es uno de los mas penosos que me tocó vivir y ver en los aeropuertos. Una maleta no es problema pero a veces no sólo debes pagar el sobrepeso de equipaje sino que también debes cargarlas sola/o. Como mencioné antes, en la época navideña del año pasado me tocó hacer varias conexiones. Tuve que cargar 3 maletas de 25 kilos cada una más dos bolsos de mano y un par de bolsas de compras navideñas por más de 5 aeropuertos. De por sí, existe cierto temor que tu maleta no pase por la cinta y esté en Dubai o se haya quedado fuera del avión o esté perdida. Pero no acaba ahí, una vez que la vez aparecer es un momento glorioso pero efímero porque te percatas que debes levantarla y cargarla, encontrar un carrito y poner todo encima. Y tampoco acaba ahí, cuando llevas más de una maleta debes dejar tu carrito desatendido para recoger la siguiente maleta y no estas seguro si mirar la cinta que trae tu maleta o vigilar el carrito que contiene el resto de tus cosas.

Continuará…

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